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Innovación y competitividad

2020-09-02 | inkit

José Alejandro Ramírez Flores | Director General de la CANIEM

En el demandante entorno de los negocios, al que no gratuitamente muchos analistas y estudiosos lo asemejan a una jungla, sólo sobrevive el que mejor preparado esté para enfrentar a sus competidores. Este enfrentamiento no es otra cosa que la aplicación del bien conocido principio darwiniano de que no sobrevive el más grande, sino el que se adapta mejor.

Crear las condiciones para que una empresa adquiera una ventaja competitiva es una de las responsabilidades más apremiantes de la alta dirección. Su obligación es aprovechar de la mejor manera los recursos y capitales de los que disponga. Dos muy importantes lo constituyen: por un lado, la creatividad y, por otro, el conocimiento de todos los colaboradores. La ecuación que describe el comportamiento de la organización debe incluir, entre otras, estas dos variables, las cuales, relacionadas apropiadamente, pueden dar como resultado la innovación, que es, sin duda, una de las herramientas que mayor efecto puede tener en el desempeño de las empresas.

La innovación ha sido contemplada como un factor con alta influencia en los ciclos económicos. Éstos pueden definirse como las oscilaciones que dan lugar a la expansión y a la contracción alternada de la economía en forma de eventos sucesivos1. Algunos autores lo explican como el desacoplamiento que se da entre las dos esferas constituyentes del macrosistema económico-social: por una parte, la tecno-económica y, por otra, la socio-institucional. La primera tiene que ver con los cambios en la tecnología y la economía, la segunda con la evolución de la sociedad y sus instituciones. Cuando las dos esferas se acoplan, se da lo que se llama prosperidad.

Las tecnologías surgidas del desarrollo electrónico (internet, inteligencia artificial, robótica, etc.) han transformado las condiciones de operación y competencia de las industrias, forzándolas a convivir en dos espacios complementarios: el analógico (empresa tradicional) y el digital (empresa moderna), dotándolos de un nuevo paradigma tecno-productivo en el que la organización flexible y la capacidad de innovación constituyen los fundamentos de la competitividad.

Si bien es difícil encontrar una definición formal de este concepto, el análisis de diferentes autores permite proponer la siguiente: competitividad es el talento de una organización para desarrollar ventajas sostenibles a partir de sus recursos, capacidades y competencias que permiten mantener e incluso incrementar su participación en el mercado y sus resultados financieros, que serán superiores al promedio de la industria en que la empresa participa.

Michael Porter, importante estudioso del tema de la competitividad, hace varias reflexiones dignas de tomar en cuenta. Desde su punto de vista, ésta nace de muchas actividades discretas que ejecuta la empresa al diseñar, fabricar, comercializar, entregar y apoyar su producto en el mercado, dando lugar a tres posibles tipos de ventajas: de costo, de enfoque y de diferenciación. Con frecuencia, alcanzar alguna se deriva de innovar en los procesos productivos, la estructura de la organización, los modelos de negocio y, desde luego, el producto o servicio que la empresa entrega al mercado.

Una empresa alcanza una posición preponderante cuando logra desarrollar ese feliz binomio integrado por la innovación y la competitividad.

 

1 Resico, Marcelo F., Introducción a la economía social de mercado, p. 195, Buenos Aires: Konrad Adenauer Stiftung, 2010.
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