Una estrategia de innovación: innovación abierta o compartida

2021-02-24 | Ink it

Alejandro Ramírez Flores | Director General de la CANIEM

“Las personas no tienen que trabajar para nosotros para trabajar con nosotros”.
Lego System A/S

 

Con frecuencia se piensa que la innovación es una actividad cara, compleja y complicada de gestionar. Pareciera que sólo las grandes empresas son capaces de tener laboratorios y talleres en que un grupo de científicos están diseñando y elaborando productos deslumbrantes que cambiarán nuestras vidas. Esto sería  cierto si las empresas sólo manejaran la innovación de forma cerrada, es decir, si sus actividades de investigación y desarrollo se gestionaran exclusivamente con el conocimiento y los medios de la propia organización. Cualquier empresa, no importa su giro, debe estar siempre atenta al entorno: a la competencia, al mercado, a la presencia de productos o servicios que satisfagan las necesidades de los consumidores. Esta visión hacia el exterior también se debe tener presente cuando se trata de innovar.

Henry Chesbrough, profesor adjunto y director del Centro Garwood para la Innovación Corporativa en la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de California, Berkeley, es a quien se le reconoce como el padre del concepto de innovación abierta, la que define como “el uso de entradas y salidas intencionales de conocimiento para acelerar la innovación interna y expandir los mercados para el uso externo de la innovación” (Chesbrough, 2003). De lo que se trata es de involucrar a agentes externos a la organización en el proceso de innovación, quienes pueden y suelen ser proveedores y, desde luego, clientes y consumidores. Esta estrategia considera la colaboración y el conocimiento compartido como elementos importantes en el proceso de innovar. Mediante la construcción de alianzas, las pequeñas y medianas empresas (pymes) se pueden beneficiar ampliamente al compartir sus experiencias con otras organizaciones que, inclusive, no pertenezcan al sector en que se desenvuelven.

 

“De lo que se trata es de involucrar a agentes externos a la organización en el proceso de innovación, quienes pueden y suelen ser proveedores y, desde luego, clientes y consumidores”.

 

La innovación abierta puede arrancar con la búsqueda de nuevas ideas en el entorno. Llevar a cabo talleres con expertos, investigadores académicos o industriales puede ser un buen punto de inicio, así como contactar a desarrolladores tecnológicos de servicios que la propia organización requiera. Un elemento que ya se mencionó y que no se debe olvidar es la integración de los clientes; esto puede ayudar a establecer objetivos más concretos y menos difusos, ya que se toma en cuenta la opinión de quienes adquirirán y harán uso de los resultados del proceso de innovación.

Para concluir esta introducción al tema de la innovación abierta, vale la pena mencionar algunas de sus ventajas:

  • Acceso a ideas cada vez más innovadoras.
  • Acceso al conocimiento, por ejemplo, sobre clientes, mercado y posibilidades técnicas.
  • Minimización de ceguera operativa.
  • Menores riesgos en la implementación de estrategias de  desarrollo y mayor celeridad en su aplicación.
  • Acceso a expertos y especialistas.
  • Potencial de subvenciones públicas y beneficio de la imagen empresarial a través de la cooperación.

Finalmente, recordemos que quien se abre a la innovación, se abre al desarrollo.

 

Referencias

Chesbrough, Henry W. (2003). Open Innovation: The New Imperative for Creating and Profiting from Technology.  Boston, Massachusetts: Harvard Business School Press.

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